Para las familias

DELIMITACIÓN MARCO TEÓRICO Y LEGISLATIVO

Afrontar una tarea tan compleja como la atención a necesidades educativas especiales asociadas a trastornos graves de conducta requiere un marco teórico que explique las necesidades, sus causas y el tipo de respuesta educativa que es conveniente proporcionar. La ausencia de ese marco puede llevar a actuaciones puntuales, descoordinadas e incoherentes. En nuestro caso, el marco teórico viene determinado en buena medida por la legislación educativa.

La Ley Orgánica de Educación (2006), en el Título II dedicado a la Equidad en la Educación y en su Capítulo I, art. 1. sobre el alumnado con necesidad específica de apoyo educativo, indica que las administraciones educativas dispondrán los medios para que todo el alumnado alcance el máximo desarrollo integral. En el punto siguiente enumera a los alumnos que requieren una atención educativa diferente, entre los que incluye a los alumnos con necesidades educativas especiales. Posteriormente, en el artículo 73 indica que “se entiende por alumnado que presenta necesidades educativas especiales, aquel que requiera ... apoyos y atenciones educativas específicas derivadas de… trastornos graves de conducta”. En el siguiente artículo se especifica que este alumnado se atenderá siguiendo los principios de normalización e inclusión y que la identificación e inclusión de sus necesidades educativas las realizarán profesionales debidamente cualificados.

Por otro lado, la Ley de Educación de Extremadura (2011), en su capítulo IV, artículo 23 añade que los profesionales especializados, en colaboración con el profesorado, tendrán la responsabilidad de planificar la respuesta adecuada a las necesidades.

Además, el Plan Marco de Atención a la Diversidad (2011) incluye entre sus objetivos la determinación de los recursos perfiles y funciones de los profesionales competentes para atender a la diversidad. Igualmente, define a la orientación educativa como un proceso continuo de apoyo y asesoramiento para que el alumnado consiga el mejor ajuste entre sus necesidades educativas y su desarrollo personal. A continuación organiza la orientación tres niveles:

a. Tutor.

b. Departamento de Orientación.

C. Equipos


Por lo que respecta a la legislación autonómica, la Instrucción nº 26/2010 de la Dirección General de Calidad y Equidad Educativa por la que se regula el funcionamiento de los EOEPs específicos, indica en la instrucción 2ª.4 que la intervención “se basará en planteamientos constructivistas y colaborativos “ y que se utilizará un enfoque sistémico. Ademas, la Secretaría General de Educación en la Instrucción 33/2012, indica que la intervención debe tener las siguientes características: preventiva, grupal y, salvo excepciones, debe realizarse dentro del aula ordinaria.

Es decir, que la legislación nos proporciona un marco teórico y unas líneas generales de intervención. En efecto, como marco nos propone una teoría del aprendizaje, el constructivismo, que considera que el aprendizaje y, por lo tanto, también el aprendizaje de conductas es un proceso de construcción de significados, construcción que realiza el alumnado colaborando con los que le rodean sean estos profesores, familiares u otros estudiantes. Por lo tanto, la intervención debe ser sistémica lo que implica que se centre la resolución de las necesidades educativas en las relaciones que se establecen entre el alumnado y su entorno. El marco teórico, como no podía ser de otra manera, es coherente con el tipo de intervención que se solicita ya que nos indica que ésta debe ser preventiva en contraposición a la terapéutica, grupal en lugar de individual y, por lo tanto, dentro del contexto ordinario: el aula, el centro y el entorno más próximo.

Esto no puede hacernos olvidar que toda intervención educativa requiere una comprensión de las necesidades que la justifican para lo que debemos contar, además de lo señalado anteriormente con las aportaciones de la psicología evolutiva, de la neurofisiología, la organización escolar, el análisis de las relaciones del alumno o alumna con su entorno social, con sus iguales, con el profesorado y con sus familias. Este planteamiento complejo hace que se precisen de unas técnicas de evaluación e intervención que tengan las siguientes características:

Deben ser adecuadas para realizar intervenciones preventivas.

Deben permitir evaluar conductas, relaciones y estructuras organizativas.

Deben describir las conductas en términos educativos.

Deben facilitar la intervención y el seguimiento.

Para finalizar, queremos insistir en que la evaluación, intervención y seguimiento es una tarea compartida y corresponsable entre todos los profesionales que tienen relación con el alumnado además de con las personas que forman parte de su contexto familiar y social.


Nota: Todos los términos contenidos en este documento en los que se utiliza la forma del masculino genérico, se entenderán aplicables a personas de ambos sexos.